Contra la farsa electoral y la crisis capitalista, impulsamos la unidad para luchar por el socialismo

13.Nov.21    Declaraciones de la CGI
   



“Hemos hablado, durante todo el tiempo, sólo de preparación sistemática, metódica, pero con esto no hemos querido decir en modo alguno que la autocracia puede caer exclusivamente por un asedio acertado o por un asalto organizado. Semejante punto de vista sería de un doctrinario insensato. Al contrario, es plenamente posible, e históricamente mucho más probable, que la autocracia caiga bajo la presión de una de esas explosiones espontáneas o complicaciones políticas imprevistas, que siempre se ciernen por todas partes. Pero ningún partido político puede, sin caer en el aventurerismo, basar su actividad en semejantes explosiones y complicaciones. Nosotros tenemos que marchar por nuestro camino, llevar a cabo sin desfallecimientos nuestro trabajo sistemático, y cuanto menos contemos con lo inesperado, tanto más probable será que no nos coja desprevenidos ningún ´viraje histórico´.” Lenin, ¿Por donde empezar?

A horas de las elecciones, cobra más relevancia qué es lo que sucederá el lunes 15, por sobre el resultado del domingo, donde la tendencia indica que el gobierno no podrá remontar la catastrófica derrota de las PASO. Independientemente del ganador de las votaciones parlamentarias, lo que se instala en la agenda es la posibilidad de una nueva devaluación, en parte por la escasez de reservas del Banco Central, que gasta USD 1600 millones por mes para contener y que no dispare la divisa de EEUU. A pesar de esa intervención, el dólar paralelo el jueves 11/11 llegó a $ 207 y la brecha de más del 100% con el oficial.

El FMI y el establishment del poder económico, también presionan y exigen devaluar. Es lo que sucedió en las últimas 4 elecciones. La causa es que “mantener forzadamente el dólar “corriendo” por debajo de la inflación no es sostenible en el tiempo. El desequilibrio cambiario se acumula y post elecciones se dispara la cotización del dólar oficial y la inflación se acelera. Así ocurrió, por lo menos, en las últimas 4 elecciones: en los 6 meses previos a la elección dólar e inflación corrieron más lento que en los 6 meses posteriores” (Plan M 19/10).

Sin embargo, el gobierno insiste en que no va a devaluar. Según noticias de distintos medios, impondría un desdoblamiento cambiario, sin intervenir dejando que el dólar paralelo aumente considerablemente. Pero esta política también tiene consecuencias. En principio, limitaría el ingreso de dólares por parte del principal sector que aporta la divisa, como son las agroexprtadoras, ya que al valor oficial estarían cobrando menos de $ 100 por dólar, con una brecha cambiaria que sería muy superior al 100 %. A su vez, los sectores importadores, tendrían que recurrir al paralelo para pagar los insumos importados, trasladándolo a los precios, y la consecuente aceleración de la inflación. Pero también abre la posibilidad que los sectores importadores, sobrefacturen, para hacerse de dólares al valor oficial para venderlos al mercado paralelo, que sería más rentable que orientarlos a la producción corriéndose el riesgo del desabastecimiento, similar situación que sucede en Venezuela. Es decir, con devaluación oficial o sin ella, sin el control estatal del comercio exterior, gane quien gane, lo que viene es la profundización de la crisis capitalista y una intensificación del ajuste sobre las masas obreras y populares.

El gobierno, como la oposición patronal, los empresarios y sus medios coinciden en el diagnóstico de la “falta de dólares”. Sin embargo, para ser precisos, la escasez de la divisa de EEUU, es con respecto a las reservas del Banco Central. Porque dólares hay, pero se los apropia una minoría. Uno de los sectores que más ganaron, son las empresas agroexportadoras dominadas por el capital extranjero, que liquidaron el mes pasado u$s 2.416,61 millones, siendo record histórico, para el mes y para lo acumulado en los primeros diez meses del año, alcanzando los u$s 28.086,92 millones, según la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC). Así, “el ingreso de divisas de los primeros diez meses del año representó un crecimiento del 66,6% respecto del mismo período de 2020, y récord absoluto para el mismo período desde comienzos de este siglo” (Agendar 2/11).

Mientras el sector agroexportador la junta con la pala, Alberto Fernández, el ministro de economía Martín Guzmán y Máximo Kirchner, plantearon que no van a pagar la deuda con el hambre del pueblo. Ese es el relato, la realidad es que mientras el 60 % de los menores viven en la pobreza, el gobierno del Frente de Todos, lleva pagados al FMI más de 4000 millones de dólares. A esto hay que agregar que en diciembre, el ejecutivo ya confirmó que va a pagar al FMI otros USD 1.892 millones, de una deuda fraudulenta que se usó para fugar divisas y financiar la campaña electoral de Macri en 2019. Esta es una de las causas por lo que a pesar de los precios record de los granos y sus derivados, y un superávit comercial cambiario de US$12.963 millones a septiembre, las reservas del Banco Central, siguen cayendo.

Otra de las demandas del organismo dirigido por Gerogieva, que es reducir el déficit fiscal, lo que implica en parte terminar con los subsidios a las tarifas, y el consecuente un aumento de las mismas. Esto, aportaría a mayor presión inflacionaria, agravando la catastrófica crisis social.

La inflación, en octubre volvió a ser muy alta, llegando al 3,5 %, tirando por la borda el relato del congelamiento de precios de alimentos y medicamentos. Queda claro que esta política del gobierno y la denuncia contra los monopolios de la alimentación, tiene más que ver con la demagogia para tratar de contener un sector del electorado, que con realmente defender el bolsillo de los trabajadores. Así, el gobierno, de repetir que el salario le va a ganar a la inflación, pasó al planteo limitadísimo del congelamiento de precios que sería sólo x 3 meses. Queda demostrado que no resuelve el problema de la pérdida de poder adquisitivo, porque la inflación anual llegó al 52,1%.

A la pérdida de poder adquisitivo del salario, se suma una mayor precarización. Mientras la economía crece y se recupera a niveles de pre pandemia, el aumento de trabajo se da de forma más precaria: “el empleo formal superó en agosto los niveles previos a la pandemia. Sin embargo, la composición muestra una alteración respecto a años previos: “menos empleo estable y de calidad, más empleo público e independiente (de menor calidad) y, por supuesto, menor estabilidad.” (El Economista 9/11)

El gobierno y la burocracia sindical y social peronista, responsabilizan de la crítica situación social al macrismo y la pandemia. Pero tanto el gobierno anterior como el actual, son los responsables de la caída del salario real, y de la redistribución regresiva de la riqueza. Así lo demuestra un estudio, de Analytica: “los salarios cayeron 21% en los últimos cincos años y la participación de los trabajadores en el PBI (registrados, no registrados y cuentapropistas) está 12 puntos por debajo de los niveles de 2016: pasó de 52% a 40%. A la inversa, la participación del sector empresario subió 11 puntos respecto de 2016, pasó del 40% al 51% en el segundo trimestre de 2021” (DiarioAR 7/11). Para que quede claro, que en el gobierno de los Fernández también se ajustó sobre los trabajadores, “la participación del salario en la distribución de la riqueza del país, en un año retrocedió casi cuatro puntos porcentuales según el Indec, lo que equivale a unos $ 600 mil millones de pesos que cada trimestre dejan de estar en los bolsillos de la gente” (Tiempo Argentino 9/10).

La causa es que Argentina es un país sometido al imperialismo, que en sociedad con la gran burguesía local, son los que definen la política económica para explotar y saquear a la clase obrera y los sectores populares.

Las elecciones y el Mal Menor, el peor de los males

En el marco de la contienda electoral, gobierno y oposición patronal, se disputan para ver quién se queda con el control del parlamento y la proyección de las elecciones presidenciales del 2023. Pero ambos coinciden en someterse al imperialismo en el marco de la negociación de la deuda fraudulenta con el FMI, que implica reforma laboral, previsional y ajuste fiscal.

La coalición opositora de Juntos por el Cambio, abiertamente plantea la agenda del imperialismo y la burguesía local: “eliminar la indemnización por despido, reducir el Estado y los subsidios a la energía y el transporte, privatizar empresas y quitar protecciones a la industria nacional”. También los “libertarios” hacen público su programa: “además de suscribir esas ideas (de JxC), hablan de limitar el derecho a huelga, terminar con el salario mínimo y la negociación colectiva, arancelar la universidad pública, limitar el plazo de las ayudas sociales y abolir organismos públicos como el Ministerio de la Mujer, el Inadi o el Instituto del Cine” (DirioAR. 7/11)

Pero el gobierno y la burocracia sindical peronista no se quedan atrás. A pesar de tener un discurso demagógico, en los hechos ya vienen aplicando la reforma laboral y el aumento de la precarización laboral, ajustando el salario, con alta desocupación y la pobreza, que llega al 50 % y el 60 % en los menores. El “mal menor” peronista, ejecuta un brutal ajuste, sobre la clase obrera y los sectores populares, generando una crisis social similar a la del 2001, pero garantizando la estabilidad política y la paz social: “la red de contención que edificaron el kirchnerismo y las organizaciones sociales distinguen claramente la olla a presión actual de la de 20 años atrás, pero los indicadores de pobreza e indigencia son similares. Y ahora, con más población, esos mismos porcentajes afectan a mucha más gente”. (BAE 12/11).

Sin embargo, independientemente del resultado, gane quien gane, lo que viene es un ajuste mucho más brutal, que pone en riesgo la gobernabilidad. Por eso, a pesar de las disputas entre el oficialismo y la oposición y de las rencillas internas al interior de cada frente, tanto Alberto Fernández como sectores de la oposición patronal, plantean un acuerdo político entre las distintas fuerzas patronales.

En lo inmediato, la CGT “unificada” y el movimiento Evita, ya preparan una movilización para el miércoles 18 de noviembre, en apoyo a Alberto Fernández. También el 18, pero de octubre hicieron una importante y masiva movilización en el marco de conmemorar el día de la “lealtad”, reivindicando la doctrina de Perón, bajo el planteo de “Desarrollo, Producción y Trabajo”, es decir, el planteo de la burguesía, que implica más ajuste y flexibilización laboral, como la misma burocracia peronista garantizó en el gremio de los petroleros (que implicó varios obreros víctimas de asesinatos laborales), en la UOCRA, y recientemente en Toyota. En el documento publicado para esa movilización plantean la “reconstrucción de un Estado presente, regulador de la economía y promotor del desarrollo económico y social. El peronismo debe promover la alianza entre la producción y el trabajo, única fórmula que garantiza un crecimiento sostenible con justicia social”.

Son similares conceptos a los que también reivindicó Cristina Kirchner en la Esma, en la previa del 17 de octubre en un plenario de La Campora, donde explicito que el peronismo “tuvo la impronta de incorporar a los trabajadores al sistema de decisión de la política nacional”. Que “Perón fundó la tercera posición que es superadora a la izquierda y a la derecha” y que el peronismo que sigue vigente “es una alianza del pueblo fundamentalmente, una articulación entre el capital y el trabajo. En done el Estado, encarnado por Perón, sabe que debe regular y fallar a favor de los trabajadores” (Sic).

Somos respetuosos de las decenas de miles de obreros que se movilizaron el 17 en Plaza de Mayo y el 18 de octubre, y de todos los trabajadores ocupados y desocupados que se identifican con el peronismo, pero la política que promueven los dirigentes peronistas del gobierno y de la burocracia sindical y social, de reivindicar el Estado (que es la herramienta con la que nos explota la burguesía) y la conciliación de clases, es antagónica a los intereses del proletariado, porque no existe la conciliación de clases, la contradicción entre el capital y el trabajo es irreconciliable y se resuelve por medio de la lucha.

Por eso, a pesar de las disputas al interior del peronismo, hay que reconocer que sigue vigente, y que semejante nivel de ajuste sobre las masas populares en pos del saqueo imperialista y la ganancia de la burguesía local, lo garantizó el gobierno, que no es otra cosa que el peronismo unido.

Pero es producto de ese ajuste que proliferan las luchas de trabajadores ocupados y desocupados, ambientalistas y de pueblos originarios. Y como lo que viene es un ajuste mucho más brutal, la tendencia es a que se profundicen las luchas y los conflictos. Por eso, es el mismo gobierno peronista, y en los distritos donde gestiona Juntos por el Cambio, que intensifican la represión, como les sucedió a los movimientos piqueteros en Esteban Echeberría, en los desalojos en la Matanza y en Retiro, la militarización en el sur para reprimir al pueblo Mapuche, las condenas a Daniel Ruiz y Cesar Arakaki, el encarcelamiento de Facundo Molares, que por orden del Ministro de Justica, el kirchnerista Soria, fue trasladado al penal de Rawson, empeorando fuertemente sus condiciones de detención; y así podríamos seguir.

La izquierda y la tarea de los revolucionarios

En el marco de la aceleración de la crisis y del ajuste, el FITU (de concepción trotskista), plantea la participación electoral al servicio de las luchas. Pero en los hechos orienta toda su intervención y sus recursos en las elecciones burguesas adaptándose cada vez más al régimen, interviniendo de forma oportunista, sin denunciar el carácter burgués del Estado, sin propagandizar la revolución socialista, educando a los trabajadores que por medio de dos o tres diputados obreros se puede resistir el ajuste, y orientando a la lucha sindical y social al parlamente burgués en contraposición de promover un programa revolucionario y la lucha por medio de la acción directa. Por eso, el Plenario Sindical Combativo, dirigido por este frente, supedita toda su intervención a la estrategia electoral. Sólo ha convocado a movilizar el día que el gobierno anunció un mísero aumento del Salario Mínimo Vital y Móvil. Demasiado poco para semejante nivel de crisis y de ajuste sobre las masas laboriosas.

Por eso, en el marco de la las elecciones parlamentarias, entendemos que lo que más aporta es denunciar la farsa electoral, e impulsar el no voto, la impugnación o el voto en blanco. Pero sólo con eso no alcanza, debemos aportar a construir la unidad, para luchar y desarrollar la fuerza obrera y popular, e ir construyendo el poder que nos permita golpear al imperialismo para la definitiva liberación nacional y social.

Sin embargo, cabe hacernos cargo, que los destacamentos revolucionarios entre los que nos encontramos, atravesamos una grave fragmentación que implicó que ni siquiera pudiéramos construir una coordinación para impulsar el voto bronca. Esta fragmentación y desviaciones sectarias limitan enormemente la intervención en la lucha de clases. A lo que hay que agregar, que a poco de cumplirse 20 años del 2001, arrastramos una desviación movimientista y economicista, donde hemos avanzado poco en elevar la conciencia de clase al interior de los movimientos sociales, y menos aún en construir y aportar a espacios de unidad de trabajadores ocupados y desocupados.

Por eso, consideramos necesaria la unidad de los destacamentos revolucionarios, promoviendo el debate fraterno y la elaboración de un programa, donde consideramos que no debe faltar la estatización de la banca y del comercio exterior, el no pago de la deuda y la expulsión del FMI, y la expropiación del gran capital. Eso sólo es posible sólo con la toma del poder por parte de la clase obrera, para poner eso al servicio del pueblo trabajador, promoviendo la obra pública, la construcción de viviendas, de caminos, escuelas y hospitales, garantizar el trabajo, aumentar el salario y las jubilaciones, garantizar la salud y la educación, etc.

La unidad de los destacamentos revolucionarios, es fundamental también para la intervención en unidad en los frentes de masas, para impulsar la independencia de clases, la elevación de la conciencia clasista, desenmascarar el carácter burgués del Estado, promoviendo la unidad de trabajadores ocupados y desocupados, e impulsando un plan de acción y de lucha en todo el país, que aporte a ir construyendo una dirección que le dispute la conducción de las masas a la burocracia sindical y social peronistas, única forma de ir desarrollando la fuerza proletaria, en la perspectiva de la toma del poder y la revolución socialista.

Frente de Acción Revolucionaria