Declaración por el 1° de mayo de la Coordinadora Guevarista Internacionalista

30.Abr.21    Declaraciones de la CGI
   

A los trabajadores, a todos los sectores de nuestros pueblos explotados y hundidos en la miseria solo nos quedan por perder nuestras cadenas

¡Contra el imperialismo y las burguesías locales!

¡Contra todos los gobiernos que criminalmente descargan la crisis sobre los trabajadores y el pueblo pobre!

¡Contra todos los conciliadores, de las más variadas vertientes, que son cómplices de los gobiernos de turno en su política antipopular!

¡Por la unificación de las luchas de los trabajadores ocupados y desocupados, de los campesinos, de los pueblos originarios, de todos los sectores explotados y oprimidos en contra de todos los gobiernos de turno!

¡Por la unidad para luchar de las diferentes corrientes del clasismo!

¡Por la unidad de la izquierda que lucha en torno a un programa antiimperialista y anticapitalista!

¡Por la unidad de los revolucionarios!

¡Viva la clase obrera!

¡Viva el 1° de mayo!


Estamos ante un nuevo 1° de mayo, día en que la clase trabajadora conmemora a nuestros mártires de Chicago, y en ellos, a todos aquellos que entregaron su vida en la lucha contra la dictadura de clase burguesa en que vivimos.

Es momento de hacer balance de las condiciones objetivas en que se desarrolla la lucha de clases, del desarrollo de la lucha de la clase obrera y de las perspectivas de la misma.

Es momento de renovar una vez más el compromiso de luchar hasta destruir el sistema capitalista y construir el mundo socialista.

 

La coyuntura

A partir del año pasado estalla una profunda crisis económica a nivel internacional, disparada por la aparición de la pandemia del coronavirus y las medidas de restricción que se aplicaron, pero que se venía gestando hace ya mucho tiempo, ya que sus causas se encuentran en la propia naturaleza del funcionamiento del capitalismo.

Hace ya décadas que se viene desarrollando un proceso donde masas cada vez más gigantescas de capital, de dinero en manos de los grandes capitalistas, no encuentran posibilidad de valorizarse, es decir, de ser utilizados en la producción de cosas que sean vendidas y, a partir de la explotación de los trabajadores, mediante la extracción de plusvalía, es decir mediante el tiempo de trabajo no pago, generar ganancias para estos capitalistas.

En una contradicción atroz, que resume la esencia del capitalismo, estamos viviendo un momento en que miles de millones de personas están sumidas en la pobreza y centenares de millones literalmente no tienen para comer, y al mismo tiempo los grandes bancos están inundados de dinero con el cual no saben qué hacer para obtener ganancias.

Los mayores bancos del mundo están inundados de dinero, a partir de las medidas tomadas por los gobiernos de las potencias imperialistas de emitir enormes masas de capital que se destinan a la gran banca internacional, hasta el punto de que algunos han empezado a rechazar depósitos.

Como ejemplo, el banco JP Morgan, uno de los más grandes de EEUU y del mundo, solicitó a algunas de las empresas que más fondos tienen depositados en él que los traspasaran a otras entidades, hasta reducir su base de depósitos en 200.000 millones de dólares. Otros bancos van en el mismo camino.

En 2020, el PIB mundial se hundió un 4,3 %, cerca de 2,5 veces más que durante la crisis económica de 2009, la mayor contracción de la economía mundial desde 1946.

En este contexto, si se comparan diferentes indicadores sanitarios, económicos, sociales y de desigualdad, América Latina y el Caribe es la región más golpeada del mundo.

Como en toda crisis capitalista, los burgueses más poderosos obtienen grandes aumentos de ganancias, a costa del aumento del nivel de explotación de la clase trabajadora y de la quiebra de capitalistas competidores.

Más del 60% de los multimillonarios del mundo se hicieron más ricos en 2020 y los cinco que más se enriquecieron vieron sus fortunas combinadas crecer e US$310.500 millones.

Como contracara la clase obrera sufrió todo el peso de la crisis.

En 2020 se perdió el 8,8 por ciento de las horas de trabajo a nivel mundial con respecto al cuarto trimestre de 2019, equivales a 255 millones de empleos a tiempo completo. La pérdida de horas de trabajo fue especialmente grande en América Latina y el Caribe, sur de Europa y Asia. La pérdida de horas de trabajo en 2020 fue aproximadamente cuatro veces mayor que la registrada durante la crisis financiera mundial de 2009.

Se estima que los ingresos provenientes del trabajo a escala mundial en 2020 disminuyeron un 8,3 por ciento, a saber, 3,7 billones de dólares de EE.UU, o el 4,4 por ciento del producto interior bruto (PIB) mundial. Si se comparan las cifras se ve que la pérdida de ingresos por parte de los trabajadores corresponde no solo a toda la caída del PIB mundial, sino que es aún mayor.

La mayor pérdida de ingresos provenientes del trabajo de los trabajadores, un 10,3 por ciento, se registró en las Américas.

En América Latina se perdieron 26 millones de empleos el año pasado.

El hambre azota a millones de personas en nuestra región. Las cifras oficiales hablan de un aumento de mas de 22 millones de personas en las cifras de pobreza, llegando a más de 209 millones de personas, casi un 34% de la población total. Sabemos todos que estas cifras se quedan cortas, más allá de lo que digan las estadísticas oficiales, maquilladas con indicadores que no describen a cabalidad la realidad del pueblo explotado, es la gran mayoría de nuestros pueblos la que padece penurias y privaciones de todo tipo, además del constante accionar represivo del estado ante cualquier intento de protesta u organización independiente.

 

La crisis está provocando que todas estas situaciones empeoren cada día, generando un fuerte crecimiento del desempleo, de la precarización laboral, del trabajo informal, y una enorme caída de los ingresos de los trabajadores, todo lo cual impulsa el aumento de la miseria de nuestros pueblos.

 

El colapso de los sistemas de salud revela la precariedad del sistema en todos los países, sistema de salud orientado al lucro capitalista y no al otorgamiento de una atención adecuada a las grandes masas de nuestros pueblos.

De esta manera, en el medio de la crisis sanitaria se producen casos como el surgimiento de un mercado negro para la venta de tubos de oxigeno, o ante la escasez de vacunas, la organización de vacunaciones exclusivas y en secreto, para los gobernantes y las élites, mientras los sectores populares quedan excluidos de todo tipo de atención médica y se producen miles de muertes perfectamente evitables, no solo a raíz del covid sino fundamentalmente a partir del cese de toda atención medica para las masas.

 

La descripción de cómo la crisis económica y sanitaria se descarga sobre el pueblo explotado, y como siempre, la burguesía y sus gobiernos son privilegiados es incluso ven aumentar sus ganancias, podría continuarse extensamente. Sin embargo podemos resumir en que, como siempre, es la clase trabajadora y el pueblo explotado quien paga todo el peso de la crisis, con su hambre, su miseria y sus muertos.

 

La acción de los gobiernos

 

Ya sea que las medidas sean de estrictas restricciones, toques de queda, confinamientos, etc, o de la mayor apertura, el objetivo de los gobiernos es asegurar la ganancia capitalista generando a cambio el aumento de la pobreza, la miseria, el hambre y la muerte para la clase trabajadora.

 

Para la clase trabajadora latinoamericana cada día se hace más vigente la consigna del Manifiesto Comunista: Los trabajadores no tienen nada que perder más que sus cadenas.

 

Las medidas económicas que hacen recaer sobre los trabajadores el peso de la crisis, vienen acompañadas por un auge represivo y la complicidad de reformistas y populistas.

 

Este 1 de mayo transcurre con centenares de luchadores sociales y políticos de la clase trabajadora y del campo popular, prisioneros en las cárceles de los estados burgueses de nuestra región.

 

Solamente en el último año, decenas de luchadores han sido heridos o asesinados por los gobiernos de nuestros países.

 

Por todos ellos, este 1 de mayo es también un día de lucha por la libertad de todos los presos políticos del campo popular y por el impulso de la organización y la lucha de nuestros pueblos para hacer pagar el precio que corresponde a los responsables de las muertes de tantos compañeros.

 

 

Conciliadores

 

Los gobiernos progres han actuado tan duramente como los gobiernos de derecha contra la clase trabajadora para proteger los intereses de los capitalistas.

 

En el marco de las medidas de restricción por la pandemia han avanzado contra el salario, las condiciones de trabajo y sobre todo han impulsado el avance de los grandes monopolios capitalistas en todos los aspectos de su política extractivista.

 

En Argentina, por ejemplo,bajo el gobierno peronistase ha reprimido brutalmente a las poblaciones que resisten el avance de la megaminería, a los trabajadores que reclaman aumentos salariales o puestos de trabajo, o luchan contra la miseria, y anuncia el despliegue de las fuerzas armadas con la excusa de controlar la circulación del pueblo trabajador.

Al mismo tiempo desde los aparatos sociales despliegan toda su fuerza para frenar las tendencias a la lucha que se desarrollan en el seno del pueblo explotado.

 

De esta manera se genera un doble ataque simultaneo sobre la posibilidad de desarrollo de la lucha de los explotados. Por un lado el gobierno utiliza a las direcciones de las organizaciones de masas más grandes que actúan constantemente para poner freno a dicha tendencia a la lucha, mediante todos los medios que se valen históricamente los aparatos burocráticos, y cuando esas estructuras sindicales y sociales son desbordadas por la lucha del pueblo trabajador, aparece todo el peso del estado para reprimirla.

 

Pero también en los países donde gobiernan los representantes de partidos abiertamente de derecha, los partidos reformistas han sido cómplices de dichos gobiernos, por acción y por omisión, al igual que los aparatos burocráticos que dirigen las organizaciones de masas más importantes.

 

En ningún caso los conciliadores, que emitieran llamados a los frentes antifascistas cuando vieron peligrar la posibilidad de mantener el gobierno en las elecciones, están dispuestos a impulsar la más mínima lucha contra esos gobiernos de derecha, en busca de satisfacer las acuciantes necesidades de nuestra clase y de todo el pueblo explotado.

 

En algunos países, como en Uruguay, por ejemplo, el reformismo se ha colocado decididamente al lado del gobierno de derecha para reforzar el discurso de la unidad nacional, de un gran acuerdo entre patrones, gobierno y trabajadores para afrontar la crisis sanitaria y la crisis económica. Incluso la dirigencia de la central sindical única firmó con el gobierno, en tiempo récord, un acuerdo de rebaja salarial por dos años para los trabajadores del sector privado.

 

En otros países, como Perú o Ecuador, el reformismo, en sus diferentes expresiones, ha trabajado para encauzar la lucha popular hacia la disputa electoral, es decir en la dirección del reforzamiento de la institucionalidad burguesa.

 

En todos los casos, en síntesis, las expresiones de conciliación de clases, tanto las provenientes de las diferentes vertientes del reformismo o del populismo, continúan constituyendo el principal freno en el desarrollo de la lucha popular.

 

Romper el aislamiento de las organizaciones revolucionarias y del clasismo a partir de la unidad para luchar

 

Con o sin pandemia nuestros pueblos luchan. Esto es una verdad tan importante como insuficiente.

La lucha popular por si sola no puede romper los límites que le impone el reformismo, es decir, los que le imponen el centrar la lucha en conseguir mejoras dentro del sistema, sin cuestionar nunca la estructura misma de esta sociedad basada en la explotación de las grandes mayorías por parte de un puñado de parásitos.

Para poder avanzar realmente es imprescindible orientar esa lucha hacia el derrocamiento de la dictadura burguesa, hacia la expropiación del capital, empezando por el gran capital imperialista, que saquea nuestros recursos y para el cuál las masas de nuestros pueblos no somos más que un estorbo, hacia la destrucción de todo el poder de la burguesía, expresado en forma principal en su Estado

 

En este 1° de mayo, desde la Coordinadora Guevarista Internacionalista llamamos a la unificación de todas las luchas que, mediante los más variados métodos, nuestros pueblos vienen dando ante la situación cada vez más desesperada que vivimos.

 

Somos conscientes, al mismo tiempo, que la verdadera unidad de la clase trabajadora y los diferentes sectores de nuestros pueblos explotados hasta límites inhumanos, para avanzar en la lucha contra el imperialismo indisolublemente asociado con las burguesías locales, solo será posible a partir de la superación de los férreos límites que le imponen aquellos que defienden políticas de conciliación de clases y continúan dirigiendo la gran mayoría de las organizaciones de masas de todos nuestros países.

 

Inmerso en una crisis extremadamente profunda, que descarga sin cesar sobre la clase trabajadora, el capitalismo en su fase imperialista solo se plantea como salida la profundización de sus políticas.

Se agudiza y se agudizará la política saqueadora del modelo extractivista, que somete a nuestros pueblos a condiciones de explotación cada vez más insoportables y avanza en el agotamiento de nuestros recursos y la destrucción de nuestro ambiente. Las multinacionales, con todo el apoyo de los estados de nuestros países, avanzan expulsando pueblos originarios, campesinos, comunidades enteras, en sus proyectos gigantescos que profundizan nuestra miseria y les proporcionan inimaginables ganancias.

 

En este contexto para la clase trabajadora solo se depara el aumento de los ya insostenibles niveles de explotación, el desempleo, la flexibilización laboral, las rebajas salariales, la precariedad en todos los aspectos de la vida, la miseria, el hambre, la represión y la muerte de miles y miles.

 

Es por eso que las tendencias a la lucha popular más radical que ya se expresaban en gran parte de nuestra región, con fuertes estallidos sociales, antes del comienzo de la crisis, lejos de haberse aplacado se han exacerbado exponencialmente. En nuestro continente y en todo el resto del mundo millones y millones de explotados estamos dispuestos a lanzarnos a la lucha y en muchísimos lugares de nuestro continente, Perú y Paraguay se pueden citar como los ejemplos más recientes, sin importar las restricciones establecidas por la pandemia, miles de personas salieron a luchar abiertamente contra los gobiernos.

Sin embargo, aún la acción del reformismo en todas sus variantes sigue siendo hegemónica y luego de los fuertes impulsos iniciales, siempre aparece un sector que intenta canalizar toda esa energía de lucha hacia el camino de retorno a la institucionalidad burguesa mediante la acción parlamentaria o electoral.

Las organizaciones revolucionarias, que han venido luchando hace mucho tiempo en condiciones de un fuerte aislamiento, los diversos sectores de la izquierda que se han mantenido firmes en la lucha por un programa de soluciones populares para los padecimientos de nuestros pueblos y de ruptura con el sometimiento al imperialismo y a las burguesías cómplices, los diversos agrupamientos y corrientes clasistas, que en un escenario de gran fragmentación y debilidad frente a la hegemonía de los conciliadores, vienen defendiendo en el seno de las organizaciones de masas del campo popular los principios de la independencia de clase, la democracia obrera y la lucha sin cuartel por acabar con todo el sistema de explotación, todos estos sectores tienen hoy, ante la extrema crisis que afrontan nuestros pueblos, la obligación de dejar de lado las diferencias y avanzar en la unidad para luchar.

A los trabajadores, a todos los sectores de nuestros pueblos explotados y hundidos en la miseria solo nos quedan por perder nuestras cadenas

¡Contra el imperialismo y las burguesías locales!

¡Contra todos los gobiernos que criminalmente descargan la crisis sobre los trabajadores y el pueblo pobre!

¡Contra todos los conciliadores, de las más variadas vertientes, que son cómplices de los gobiernos de turno en su política antipopular!

¡Por la unificación de las luchas de los trabajadores ocupados y desocupados, de los campesinos, de los pueblos originarios, de todos los sectores explotados y oprimidos en contra de todos los gobiernos de turno!

¡Por la unidad para luchar de las diferentes corrientes del clasismo!

¡Por la unidad de la izquierda que lucha en torno a un programa antiimperialista y anticapitalista!

¡Por la unidad de los revolucionarios!

¡Viva la clase obrera!

¡Viva el 1° de mayo!

 

¡Por la revolución y el socialismo!

 

COORDINADORA GUEVARISTA INTERNACIONALISTA