Documento de Aporte de Coordinamento Comunista Toscano - Cellula Comunista Rivoluzionaria - Brisop - Italia al VII Encuentro Guevarista

26.Feb.14    Encuentros Guevaristas
   

NOTA BREVE SOBRE LOS ACONTECIMIENTOS “POLITICOS” EN ITALIA.
(febrero de 2014)


El capital financiero italiano y su elevada capacidad de “talent-scout”.
Es inútil darle vuelta al asunto: el pedeista “chatarrero”(1) Matteo Renzi -nacido físicamente en el 1975 y políticamente en las organizaciones juveniles de la DC (2) - ha logrado captar la atención de los medios de comunicación de gran parte del mundo con su fulminante subida al cargo de primer ministro, después de haber “apuñalado”, por soluciones totalmente extraparlamentarias, su compañero de partido, Enrico Letta, el cual estaba ostentando, y quería seguir ostentandolo, el mismo cargo.

Pero la “solución Renzi” ya no es la primera, en nuestro país, sino la tercera consecutiva: es cierto pués, que Mario Monti (noviembre 2011-abril 2013) y el susodicho Letta (abril 2013-febrero 2014), han hecho también caso omiso a la “sagrada voluntad popular” que tiene que expresarse por medio del sufragio universal.

Esta reiteración de caso omiso, deja manifiesta la gravedad de la situación en la cual se encuentra, especificadamente, el capitalismo italiano. Sea desde un punto de vista formal: porque la violación que ha cometido contra el fundamento mismo de la democracía burguesa queda desnuda bajo los ojos de las clases subalternas; sea desde un punto de vista sustancial: porque se le ha quebrado, de alguna manera, la certidumbre que “la república democrática” siga siendo “el mejor recipiente político posible para el capitalismo”.
Dicho sea de paso, el hecho que la gravedad de la situación no le impida de maniobrar (al capitalismo italiano) deja también patente nuestra debilidad.

Esta grave situación de la cual intenta salir el “capital financiero globalizado” italiano, tiene origen lejana y es estructural. Pero, una solución “parche” tiene que ser producida por él “hoy mismo, al más tardar”. Coherentemente a sus herencia histórica, los distintos sectores de la burguesía italiana han apuntado entre sí, aún a regañadientes, que sean hombres pintados como grandes técnicos, como Mario Monti, que ya hizo lo suyo, o grandes comunicadores como Matteo Renzi a sacarlos, aún temporalmente, de los apuros en los cuales actualmente se encuentran; es decir, hombres con diferente carisma que les permita, a ellos, imponer medidas económicas, políticas, institucionales de “lágrimas y sangre” a cuestas de las masas populares.
El último muchacho de talento encontrado por el capital financiero italiano, Matteo Renzi, parece brindar buenas garantías: Matteo Renzi, enfermizo por su ambición, pone sobre la mesa, como dote de novia:

- lo que le han dado los subalternos italianos: más de dos millones de votos de los tres que el “pueblo de la izquierda” puso -el 8 diciembre 2013 (pagando, además, para poder votar un minimo de 2 €)- en las urnas para escoger el secretario general del PD;

- lo que han dado lo que dirigen mucho o muchisimo en Italia y en el extranjero: apoyo económico por su campaña electoral de parte de la derecha republicana de los Estados Unidos; de la derecha sionista; de Arabia Saudita; de los bancos Morgan Stanley y Mediobanca (Italia); de dos poderos empresarios italianos, De Benedetti y Caltagirone.

Es apenas el caso de recordar como el Presidente de la República, o mejor dicho el Jefe de Estado, Giorgio Napolitano -hombre de confianza sea del gobierno norteamenricano, sea del gobierno sionista- haya jugado un papel determinante en permitir y apoyar la substitución de una “cultura” de reglas parlamentarias por una de “talent-scout”: escogiendo él directamente a Monti, Letta y Renzi.

El peso de las condiciones iniciales: una burguesía amamantada por un imperialismo “granuja”.
La formación del Estado italiano, a diferencia de la Francia y Alemania, ha sido hecha pactando con las viejas clases reaccionarias que antes de la unificación (1861) mandaban fuera del dominio Savoia: esencialmente con las del Estado del Sur (lo de “Las dos Sicialias”) y del Estado de la Iglesia. Esto significó, claramente, el mantenimiento tanto del grueso de las propiedades y latifundios de estas viejas clases reaccionarias y parasitarias, cuanto de los pilares principales de la pasada superescructura que antes las cobicaba. La falta de una verdadera revolución burguesa, impidió entonces en Italia el nacimiento de un capitalismo que en su fase inicial pudiera garantizar un crecimiento importante de las fuerzas productivas nacionales, así condenandolo históricamente a una vida raquítica y siempre prona a nuevos compromisos con las viejas fuerzas reaccionarias. Polarizado por estas esctrechas condiciones iniciales, el capitalismo italiano encontró “con creatividad” una solución para lograr la máxima acumulación:

- privilegiar el aumento ilimitado de la explotación directa del proletariado industrial y agrícola, en lugar de inversiones de capital en técnica e infraestructura;

- privilegiar el aumento de la explotación indirecta por medios de impuestas estatales a cuestas de las masas populares;

- centralizar en el norte italiano los polos capitalisticos, dejando como semicolonias y reservas atrazadas, para saquearlas, muchas partes restantes del país. Entre ellas la totalidad de su parte sureña.

De todo esto, muy sintéticamente, nace la especificidad del capitalismo y del Estado italiano; de aquí salen la forma y sustancia “granujas” de su imperialismo.

Un desmedido “racimo” de mercadería.
Las evidentes y menos evidentes diferencias entre una Europa del 1867 -año en el cual salía a la luz el primer libro de “El Capital”- y la actual, no interceptan el hecho fundamental todavía existente que la riqueza “en el modo de producción capitalistico se presente como un desmedido “racimo” de mercadería”; con la salvedad que esta mercadería tiene que ser vendida.
En las tres mayores economías de la zona euro, Alemania, Francia e Italia, la Camara Empresarial italiana -la cual posee claramente un determinante peso políco- “denuncia” como este último país tenga su problema clave en la muy superior tasa salarios-productividad, con respecto a los otros primeros dos.
Los empresarios esgrimen unos gráficos -CTUP, salarios nominales por horas trabajada, tasa de inflación, productividad del trabajo por hora trabajada, cuña fiscal- de donde se saca de manera subliminal una clara sentencia: regresar a la vieja “creatividad” capitalistica italiana -con todo que esto conlleva, aunque esta vez aplicada en un “medio ambiente globalizado”- para recuperar espacios de mercados.
A Matteo Renzi la tarea de modernizar a como sea la restauración económico-política.
A Beppe Grillo, otro fenómeno simétrico a lo de Renzi, la tarea de representar el liderazgo de una eterna impotente oposición.

Una preocupación inesperada: el miedo al espectro del comunismo.
A pesar que ningún porcentaje significativo de clase obrera organizada, mire en la recuperación del marxismo una necesidad para desarrollar una estrategia para nuestra propia emancipación, el desnudamiento de la crisis capitalistica, pone la burguesía italiana, y claramente no solo ella, en fuerte agitación. Recuerda algo y mira con miedo como la inconciliable contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción en un entorno mudial jamás así interdependiente y centralizado, sea compatible con la solución, que todavía no se avizora pero que ahora sí es posible, de socializar, conjuntamente a la producción, los medios que la realizan.
No pudiera explicarse si non con el miedo al comunismo, la continua ofensiva anticomunista que la clase dirigente continua de manera diaria a implementar, gastando (en esta coyuntura) grandes recursos materiales e intellectuales. ¿Para qué si el peligro, supuestamente, no existe?

Sale entonces elemental, parecido a un silogismo, como la recuperación de la memoria histórica, de la percepción y de la conciencia de clase sea la tarea ideólogica apremiante para nosotros. Claramente, ahora, la persepctiva y la actuacción para construir ideólogicamente el sujeto histórico revolucionario organizado -el proletariado- tiene que tener peso internacionalista: ser contemporáneamente nacional e internacional. O no habrá construcción.

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1- Matteo Renzi, flamente secretario del Partido Democrático (PD), había, antes de serlo, empezado a ganar “espacio” declarando que su primer tarea era la de “chatarrear” todos los viejos dirigentes del PD que habían un pasado de militancia en el partido comunista italiano (PCI), 1943-1991 y en la democracia cristiana (DC), 1942-1994.
2- La DC detuvo el poder en Italia desde el 1945 al 1993, siendo el partido mayormente votado por los italianos/as. Avasallada totalmente al imperialismo norteamericano, garantizaba en el parlamento por sus diputados y senadores, elegidos gracias sobre todo al apoyo que la iglesia católica le brindaba, los intereses de la gran industria y del los latifundistas.

Coordinamento Comunista Toscano - Cellula Comunista Rivoluzionaria - Brisop - Italia